Gabriel aferraba el celular, mientras la tensión se marcaba en su mano. Ya sabía que el bebé se había perdido. No podía creer que Regina hubiera sido tan cruel como para interrumpir el embarazo. O quizá, si lo hubiera sido, él tendría la excusa perfecta para buscarla, para vengarse y obligarla a quedarse a su lado hasta que le diera otro hijo.
Pero ahora sabía la verdad: no lo había perdido por voluntad propia. Recordó la llamada que ignoró aquella noche, y la culpa y el remordimiento lo estaban