Gabriel ya lo había investigado. Cuando supo que no tenía un historial limpio, sintió desprecio por él, pero también un alivio retorcido. Estaba seguro de que, en cuanto Regina se enterara de la basura que era, terminaría con él. Y entonces, aprovecharía la oportunidad para recuperarla, para volver a casarse.
Pero no había terminado con él. Y ahora, encima, le pedía que lo ayudara a limpiar su nombre. Era lógico que no quisiera hacerlo. Se mordió la lengua.
—Si no quieres ayudar, olvídalo.
Con una actitud indiferente, sacó sus llaves para abrir la puerta. Gabriel la detuvo, sujetándola de la mano. Ella no intentó soltarse. Se giró para mirarlo a la cara, esperando su respuesta.
—Está bien, lo ayudaré. Pero tienes que prometerme una cosa.
—¿Me estás pidiendo algo a cambio de compensarme?
Regina palideció. Se imaginaba qué tipo de favor le pediría. Y por supuesto, no pensaba aceptarlo.
—Ayudarte a ti es incondicional. Pero ayudarlo a él... Eso no me nace.
Fue directo. Regina lo miró con