Un relámpago azul oscuro retumbó con estruendo en el cielo, y el diluvio cayó a cántaros, amenazando con ahogar la ciudad entera. Sebastián tenía la vista fija en la ventana, y arrugó la frente con preocupación.
Leo abrió la puerta y entró, dejando algo de comer en la mesita de centro frente a él.
—Come algo.
Sebastián levantó la cabeza.
—¿Dónde está?
Leo sabía a quién se refería. Se sentó en el sofá de enfrente y dijo, sin darle mucha importancia:
—Ya se fue.
La mirada de Sebastián perdió todo su brillo. Leo añadió:
—Se acaba de ir.
Esperó a que continuara, pero Leo no dijo nada más. En lugar de eso, tomó una revista de la mesita y fingió leer.
—¿Y Ernesto y Adrián?
—Están ahí afuera. ¿Quieres jugar? Les digo que entren si quieres.
Leo dejó la revista a un lado y se levantó como para salir a buscarlos.
—¿Laura?
—Fue a arreglar las cosas con la gente de Wonder Cinema.
Leo se detuvo y lo miró con curiosidad.
—Ah, ya. ¿Es por Regina que estás así?
Sebastián sacó su celular, abrió el jueg