Regina se quedó confundida un momento. Él ya no era doctor.
En cuanto las puertas del elevador se cerraron, dio media vuelta y regresó a su departamento. Entró a la sala y se dejó caer en el sofá. Un momento después, sonó su celular. Lo sacó de su bolso y miró la pantalla; era una llamada de la policía.
Dio su declaración. Como eran menores de edad, lo más seguro es que solo llamaran a sus padres para que se hicieran cargo.
Se sentía muy fastidiada. Pensar en el bebé, y luego en Sebastián, la es