Regina le abrió la puerta e invitó a la señora Rosa a pasar.
—¿En serio no te importa?
—Para nada, por favor pase.
Regina suspiró aliviada después de todo lo que pasó.
—Siéntese, por favor.
—Qué amable.
La señora Rosa se sentó en el sofá, observando el departamento con curiosidad. Regina le sirvió un vaso de agua tibia; nunca recibía visitas, así que no tenía nada preparado. Encontró un yogur en el refrigerador y sacó aperitivos a medio comer que guardaba debajo de la mesita de centro.
—No te m