Sebastián la abrazó con más fuerza, su voz sonaba suplicante, casi desesperada.
—Por favor, no terminemos, ¿sí? Puedo dejar de ser famoso. Ahorita mismo publico que me retiro. Te juro que no va a haber más paparazzi. Podríamos salir y tener citas como cualquier pareja normal…
Regina lo interrumpió.
—No es tu culpa. Soy yo la que no te merece.
Cerró los ojos y su voz salió con dificultad.
—Hay algo que no te confesé. Sabes que estuve casada, pero antes… estuve embarazada. Y lo perdí. Murió dentro de mí.
Sebastián se tensó. Regina percibió el cambio y rio para sus adentros con amargura.
«Era obvio. A ningún hombre le daría igual algo así».
Quiso apartarlo, pero de pronto, él habló:
—Si te digo que no me importa… ¿podemos seguir juntos?
Ella abrió los ojos, incrédula. Una mezcla de emociones complejas la invadió. Como no respondía, Sebastián la soltó, le sujetó los hombros y, mirándola a la cara, repitió cada palabra con cuidado.
—Eso es parte de tu pasado. A mí no me importa, en serio. P