—Pero vi que Sebastián publicó que ya sabía todo lo tuyo.
—Él solo sabe que me divorcié.
Alicia miró a la joven y le tomó la mano.
—Regi, mírame.
Regina levantó la cabeza para mirarla.
Alicia le habló con dulzura.
—Para mí, eres una mujer excepcional. Haberse divorciado no es el fin del mundo. En nuestro círculo, es de lo más común. Acuérdate de la señora de la Vega. Lo suyo con su esposo actual es su segundo matrimonio, ¿no lo sabías? Incluso tiene un hijo con el ex. Y dime, cuando jugamos con ella, ¿alguna vez has escuchado a alguien sacar el tema?
La señora de la Vega era una mujer tranquila, de vestir sencillo y modales suaves, el prototipo de la dama refinada. Era la única en su círculo, aparte de Irene, que se había casado con alguien de una familia adinerada sin venir de una.
Además, antes de ese matrimonio, había tenido otro que terminó muy mal; se decía que su primer esposo era un apostador que estaba con otras mujeres y que hasta la policía lo había detenido. Había vivido un