Alicia también detestaba la infidelidad de los hombres. Regi era tan joven… No le gustaba la idea de que se convirtiera en madre soltera. Pero le dolía el corazón por ella.
Se parecía tanto a Irene, guardándose todo, sin decir una palabra, enfrentando las cosas sola. Pero Irene había terminado tomando un camino sin retorno, y a Alicia le aterraba que Regi repitiera la historia de su madre. Si eso pasaba, ¿cómo podría darle la cara a Irene cuando se encontraran en el más allá?
Un escalofrío de pánico recorrió a Alicia al pensar en ello.
—Mamá… el bebé… no pude protegerlo…
Regina apenas pudo pronunciar las palabras entre sollozos. Las lágrimas brotaron sin control y su cuerpo se sacudió con un ligero temblor. La autoinculpación en la voz de su hija le partió el corazón a Alicia. La abrazó con fuerza.
—Si no se logró, es porque no era el momento. Eres joven, mi niña. Ya tendrás otros hijos. No estés triste, Regi.
Regina se aferró a su madre.
—Mmm —murmuró con voz ronca.
Un segundo después