El elevador descendía. Al llegar al primer piso, las puertas se abrieron. Gabriel salió con una actitud sombría. Un niño de unos tres años entró corriendo y se estrelló contra él.
El pequeño cayó de sentón al suelo. Una mujer que empujaba una carriola entró en ese momento, y al ver la escena, se apresuró a levantar a su hijo.
—¡Ya te dije que no corras! ¡Fíjate por dónde vas!
La mujer le sacudió el polvo de la ropa. Gabriel estaba a punto de irse cuando su mirada se posó en la carriola que estab