Como si la infiel fuera ella. Como si ella fuera la desalmada. Escucharlo culparla con tanto descaro hizo que a Regina le hirviera la sangre. Cerró los ojos con fuerza, tratando de reprimir la rabia y el resentimiento que amenazaban con desbordarse.
Ya estaban divorciados. Ella ya lo había superado. No debía seguir atrapada en los recuerdos de un pasado infeliz. Se obligó a calmarse. Al abrir los ojos de nuevo, su voz fue sarcástica.
—Llevamos divorciados más de un año. Casi año y medio, de hech