Gabriel condujo hasta el edificio de Regina. Esta vez no conducía el Maybach, sino un Bentley. Estacionó el carro, pero no se bajó. Se quedó adentro, esperando a que ella regresara.
¿Y qué pasaría cuando volviera? ¿Debía preguntarle si ya tenía novio?
Si lo admitía…
Sebastián Sáenz juró que lo había visto con sus propios ojos. Un hombre y una mujer tomados de la mano… ¿Qué otra cosa podían ser si no novios?
Gabriel no podía engañarse a sí mismo, por mucho que lo intentara. Bajó la ventanilla del