Andrea la llamó a las cuatro de la tarde en punto. Regina no la esperaba tan temprano, así que se apuró a guardar sus cosas y bajó. El carro de Andrea ya la esperaba afuera. Regina abrió la puerta del copiloto y se subió.
—¿Ya acabaste con tus pendientes?
—Lo dejo para mañana. Hoy hay que llegar temprano o no vamos a encontrar dónde estacionarnos.
Andrea condujo fuera del hospital y, a los pocos minutos, ya estaban detenidas en el tráfico. Regina miró la impresionante cantidad de vehículos a su