Después de cambiarle el vendaje a Gabriel, el doctor se retiró junto con la enfermera. Al pasar junto a Regina, le sonrió y añadió:
—Muchacha, pocos hombres dan su vida por una mujer. No lo dejes ir, cásate con él. Te aseguro que serás muy feliz.
Dicho esto, salió y cerró la puerta a sus espaldas. Ella se quedó mirando la puerta, apretando los labios. Ya se había casado con él una vez, y no había sido feliz. Gabriel terminó de vestirse y, al verla inmóvil, adivinó lo que estaba pensando. Su mira