Andrea la observó y, al comprender la situación, le dijo con fastidio:
—Por favor. No me vengas con el cuento de que apenas se han visto o que no crees en el amor a primera vista. ¡Lo que a ti te preocupa en serio es que eres divorciada!
Lo dijo con una convicción tal, que Regina no supo cómo rebatirlo.
—¿Sebastián no sabe que estuviste casada?
Ella se mordió el labio.
—Ya se lo dije.
—A ver, entonces él ya sabe que te casaste y te divorciaste, y aun así quiere estar contigo. A él no le importa,