Cuando Gabriel terminó con los pendientes de su empresa, salió del estudio. Al oír voces provenientes de la cocina, se dirigió hacia allá y encontró a Regina charlando animadamente con doña Rosa.
Doña Rosa ya tenía la basura lista en bolsas. Al ver salir al doctor Solís, sonrió.
—Bueno… Regi… no quiero interrumpir a la parejita. Ya me voy.
Regina se sintió sumamente incómoda al oír «la parejita». Esperó a que el sonido de la puerta al cerrarse en la entrada se extinguiera y, cuando solo quedaron