Regina sacó de su bolso el labial que había preparado y salió con él en la mano.
Gabriel fumaba de pie junto al ventanal. Al escucharla llegar, se giró y preguntó con indiferencia:
—¿Ya?
Regina asintió y, con un movimiento rápido, extendió la mano para mostrarle el labial.
—Entonces, ¿es todo? —inquirió él, con la clara intención de dar por terminado el asunto.
Regina paseó la mirada por la mesa del comedor y, al ver que él estaba cenando, preguntó:
—¿Te importaría si te acompaño?
Gabriel se que