Regina se alteró, y su voz se volvió chillona.
Era muy guapa, y hasta con la bata del hospital llamaba la atención. Pero en ese momento, con las emociones a flor de piel y al borde del colapso, descalza y fuera de sí, parecía una loca.
Los pacientes y sus familiares que pasaban por ahí se detenían a mirarla y a señalarla. Algunos incluso sacaron sus celulares.
Maximiliano mostró su enfado y se apresuró hacia ella. Le apartó la mano de un tirón y la cargó en brazos, rodeándola por la cintura.
—¡S