En el bar.
Mónica colgó la llamada de muy buen humor y le pidió al cantinero otro whisky.
Una mujer con lentes de sol se sentó a su lado.
Mónica sostuvo su vaso, la miró de reojo y sonrió.
—Señorita Torres, con esa pinta no pasa desapercibida. Mejor quítese los lentes.
Jimena se mordió el labio y se quitó los lentes de sol.
La observó: tenía la cara pálida y demacrada, con un moretón cerca del ojo. Estaba claro que no la estaba pasando nada bien.
—¿Y bien? ¿Qué se le ofrece?
Miró a la mujer que