Al haber más gente, Regina dejó de sentirse incómoda.
El grupo comió a gusto en el mercado y, después de dar una vuelta, regresaron al hotel. Justo en ese momento, se encontraron con Ana, que salía del restaurante después de desayunar.
Ella vio que Regina venía con Sebastián y su equipo, así que la tomó del brazo y, apartándola un poco, le dijo en susurro cómplice:
—Te lo dije, le gustas a Leo. Hasta para desayunar te invita. Es obvio que te quiere conquistar.
—Hoy me levanté temprano para ir a