Regina se quedó paralizada.Gabriel Solís, al ver que no respondía, sintió que su comentario había estado un poco fuera de lugar y rectificó con rapidez:
—Siéntate, por favor. Le digo a don Luis que venga a llevarte.
—No, es mucha molestia. Mejor me quedo aquí esta noche.
Gabriel, que justo iba a tomar el celular, alzó la mirada al escucharla.
Regina se sintió un poco descubierta. Se tapó la boca con la mano disimulando un bostezo.
—Este… ya me dio sueño. ¿Cuál es el cuarto de visitas? Ya me quie