Mónica se asustó. Asintió y dijo con una sonrisa amarga:
—Regina me odia. Es muy sensible con cualquier cosa que tenga que ver conmigo. Voy a tratar de no encontrármela para no complicarte las cosas.
Gabriel se limitó a un murmullo.
Ver cómo defendía a Regina le dolió. Bajó la vista para secarse una lágrima con discreción y, al levantar la cara, forzó una sonrisa.
—Bueno… ya es tarde, creo que me voy. Les dices a Andrés y a los demás, por favor.
—Sí —respondió él.
Mónica esperaba que le pidiera