—¿Quieres que te ayude a ponértela?
Regina se asustó y lo rechazó.
—¡No!
Al ver su reacción tan intensa, Gabriel le sujetó el mentón y volvió a besarla. Él siempre se mostraba imponente y dominante en esas situaciones, sin dejar espacio para negociar. Aunque ella se negara, siempre encontraba la manera de que cediera.
Agotada por su insistencia y ansiosa por poder descansar, no tuvo más remedio que complacerlo.
***
A la mañana siguiente, Regina pasó un buen rato en el baño hasta que consiguió di