Capítulo 145
Arturo le plantó una cachetada.

A pesar de su edad, no dejaba de ser un hombre, y la fuerza de su mano le dejó un ardor insoportable en la mejilla.

—¿No vas a estar contenta hasta destrozar nuestra familia?

La cachetada le volteó la cara. Se tocó la mejilla, con la mirada endurecida.

—Esta es su familia, no la mía.

—¡Vas a venir conmigo a la casa de los Solís a cancelar esta boda!

La exigencia de Arturo fue inflexible.

Regina sonrió por la ironía de la situación.

—Le juraste a mi mamá que nunca
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Imelda Aguirremmm vaya que ese hombre no tiene nada de cariño por su hija verdadera
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