—Todavía tengo tiempo, puedo llevarte.
Regina no se negó de nuevo.
***
Al entrar a la mansión de los Morales, Regina vio a Arturo jugando ajedrez con su hijo. A su lado, Mariana Campos los observaba con una ternura desbordante, dándole fruta al niño de vez en cuando o sirviéndole café a su esposo. Formaban un cuadro de perfecta armonía familiar.
No dio un paso más.
Fue doña Elvira quien la vio primero.
—¡Señorita, ya regresó!
Al escuchar la voz, Arturo levantó la vista. La sonrisa se desvaneció