Poco después de recibir la llamada, Sebastián y Andrés llegaron, uno tras otro.
Apenas se sentó, Andrés empezó a bromear:
—Qué curioso. Cuando andabas soltero, cuando mucho te veíamos un par de veces al mes. Ahora que te casaste, nos vemos más seguido. Se ve que tu matrimonio no va tan bien.
Gabriel le lanzó una mirada fastidiada.
—¿Siempre tienes que ser así de hocicón? No se te quita lo entrometido.
—...
Andrés se volteó hacia Sebastián.
—¿Ves? Te dije. Seguro se peleó con su esposita y nos ll