La tarde siguiente al desmayo que Camila había sufrido y que la había llevado al hospital, esta, pese a las recomendaciones del médico de hacer reposo, se encontraba en la empresa.
—¿Tengo que ir? —preguntó Camila, sorprendida—. ¿Tú irás conmigo?
Alex la miró fijamente y suspiró:
—Sí, es obligatorio que vayas. No puedes faltar. Es una cena muy importante y no puedes perder ese negocio. Y no, no iré contigo. A partir de ahora no solo eres mi secretaria, sino que también estás a cargo de todo l