El silencio que quedó tras la batalla era tan denso que casi podía sentirse sobre la piel. Los centauros yacían muertos alrededor de la entrada de la cueva, sus cuerpos grandes y retorcidos desprendían un hedor metálico a sangre mezclado con tierra húmeda. Ragnar empujó a Nolan hacia adentro, mientras Lyra se apresuraba a entrar tras de él
—Apóyate en mí, ya casi estamos dentro —le susurró Ragnar cargando a Nolan que intentaba caminar por sí solo.
Cuando entraron, Danika se apresuró a ayudar,