El murmullo de voces la rodeaba. Lyra apenas era consciente de dónde estaba hasta que distinguió la claridad de la clínica. El olor a hierbas medicinales y el sonido metálico de instrumentos la hicieron enfocar. Estaba recostada en la camilla, Alona inclinada sobre ella, con esa mezcla de firmeza y ternura que la caracterizaba.
—No te muevas todavía —ordenó —. Finalmente lograste dejaste salir a tu loba nuevamente y eso fue demasiado, tranquila, no te preocupes.
Lyra entreabrió los labios para