El tiempo pasó más rápido de lo que Lyra hubiera deseado.
El sol apenas comenzaba a despuntar cuando las puertas de la habitación se abrieron con un suave golpe y Alona apareció, radiante. Llevaba un vestido largo azul pálido que resaltaba sus ojos y el cabello trenzado en una corona delicada. Detrás de ella venía un hombre alto, moreno, con una sonrisa cálida, y dos pequeños: un niño de unos siete años y una niña más pequeña que se aferraba al borde de su vestido.
—Lyra, quiero presentarte a m