Odio este bajón que me entra de vez en cuando últimamente. Un instante estoy en el séptimo cielo de Nick y, al siguiente, cualquier comentario hace que me dé de bruces contra la cruda realidad. No puedo con tantas señales contradictorias.
—Te gusta el poder en el dormitorio —le digo sin sonrojarme ni un poquito.
Estoy orgullosa de mí misma. Su habilidad y la influencia que tiene sobre todo mi ser me ponen nerviosa.
—Sí. —Contemplo su rostro impasible cuando mi mirada vuelve a la suya.
—¿