Lo sigo hasta la villa y me lo encuentro de pie en medio de la habitación. Me acerco a él en silencio, pero no se sorprende cuando lo tomo de la mano. Sabía que andaba cerca, siempre lo sabe.
Lo guío hasta el dormitorio y empiezo a desabrocharle la camisa. No hay ninguna tensión sexual entre nosotros, ni respiraciones agitadas y desesperadas. Sólo estoy cuidando de él.
Tiene la cabeza gacha, está totalmente abatido, pero deja que lo desvista hasta que se encuentra frente a mí completamente desn