—Es una chismosa, ¿verdad? —interviene mi tío, y ella le da una palmada en el hombro.
—Es mi pequeña, Tom.
—En fin —continúa Nick—. Pensé que lo mejor sería que vinieran y vieran con sus propios ojos que no soy ningún chalado que te tiene cautiva en nuestra torre. Así que aquí están.
—Aquí estamos —canturrea mi tía. Está claro que no tiene ningún problema con el hombre impresionante y maduro que me acaricia la mano suavemente.
Intento recuperarme de la impresión.
—¿Y los has visto e