Mark sigue:
—Además, no me dejaba meterle mano sin apagar la luz.
Casi escupo el vino sobre la mesa y me da la risa, un ataque de risa.
—¡Te lo dije! —chilla Lucas tirándome una servilleta.
La tomo y empiezo a limpiarme el vino que me cae por la barbilla. Todavía nos estamos riendo. Mark nos mira a Lucas y a mí y una sonrisa se dibuja en las comisuras de su serio rostro.
—Uno tiene que poder ver para lo que yo tenía en mente.
—¡Basta! —aúllo intentando controlar la risa.
Miro a Lily, que