—Natasha, tú siempre tan descarada —responde él irónicamente mientras me coloca el brazo sobre el hombro y me da un beso casto en la mejilla al sentir mi irritación.
Ella sonríe arteramente y me mira con recelo con esos ojos de zorra que tiene. ¿Se habrá acostado con ella también? Siento cómo mi recién descubierto sentido de la posesión empieza a arder en mi interior. No me imagino pasando mucho tiempo aquí si ésta es la reacción que voy a obtener cada vez que lo haga. Y no es que