Salgo de la zona de compras personalizadas y veo que Nick ya me está esperando. No he tardado nada en escoger mis cinco vestidos favoritos.
Le devuelvo la tarjeta de crédito y le doy un beso en la mejilla.
—Gracias. —No estoy segura de si estoy más agradecida por los vestidos o por el pequeño desliz que me ha confirmado que de verdad tiene treinta y siete años. Lo mismo da: soy una chica feliz.
—De nada —dice tomando las bolsas—. ¿Me harás otro pase? —Arquea las cejas.
—Por supuesto. —No