La pregunta me sorprende pero me alegro de que sea de la misma opinión que yo.
—Eso creo yo también. Me quiere por la mañana, por la noche y un poco entremedias. Ya es bastante terrible, con todas sus exigencias, su manía de controlarlo y preocuparse por todo. Podría perder mi identidad.
—Pues claro. ¿Se lo has dicho a él? —Echa la harina en el cuenco y comienza a batir la mezcla otra vez.
La voz cantarina de Derek procede de la puerta de la entrada, y los dos alzamos la vista a la vez. S