—¡Sí! —chillo mientras suelto todo el aire que tenía en los pulmones y me catapulto a una sensación de plena satisfacción que me hace temblar de pies a cabeza y me arquea la espalda. Mi cuerpo se sacude repetidamente con violentos espasmos.
—¡Sí! —Él se derrumba sobre mí y me aprisiona contra el mármol.
Dejo caer los brazos por encima de la cabeza con una exhalación de agotamiento y permito que mis músculos se contraigan de forma natural a su alrededor mientras yacemos jadeando y sudo