—Addison, antes muerto que dejarte usar uno de ésos. —Mira con asco el objeto ofensivo—. No voy a compartirte con nadie ni con nada. —Me aparta—. Ni siquiera con aparatos a pilas. —Me río. ¿Pasaría por encima de un vibrador? Sus exigencias escapan a toda razón. Me mira y me dedica su sonrisa arrebatadora. Me derrito—. Aunque es posible que acepte unas esposas —añade.
«¿Sí?» ¿Esposas?
—Esto no te pone, ¿verdad? —Señalo la habitación que nos rodea antes de levantar la cabeza hacia él.
Me