Dasha Petrov
—Mi niña, ve a dormir ya escuchaste lo que te dijo el señor Vlad —me dijo María intentando mediar conmigo y lograr que me fuese a la cama.
Pero no podía hacerlo.
Habia algo que me impedía hacerlo. En mi pecho tenía una ligera molestia que más que dolor, se asemejaba más a un mal presentimiento.
—No lo haré, María. Me quedaré aquí hasta que Alek llegue —repliqué.
—Pero tienes que descansar, Dasha. Recuerda que ya no eres tú sola.
Me tensé al recordar que efectivamente era cierto