— Señora de Amato, ¿Acaso necesita ayuda también para vestirse? — Mateo hizo un sonido desaprobatorio con su boca, mientras caminaba con esa seguridad y ese maldito porte que siempre llevaba consigo.
— No es que necesite ayuda...— Iba a proseguir hablando y él me interrumpió.
— Ahhh, bueno, si no me necesitas entonces me iré abajo.— Se desvió con camino hacia la puerta de la habitación, él en verdad iba a irse.
— ¡No! Emm no te vayas, en verdad sí… bueno sí te necesito. — Su sonrisa ahora era d