*—Dante:
Toda esta situación le emocionaba.
Dante gruñó por lo bajo y, con cuidado de no arrancarse la vía del brazo, bajó de la cama y recogió la ropa interior del suelo. En cuanto la tuvo en las manos, volvió a llevársela a la nariz. El aroma seguía ahí, intenso, húmedo, envolvente. Dante pasó la lengua una vez más por la tela y vio el cielo.
Se dejó caer en la cama, enterró el rostro en la prenda y, con la otra mano, se buscó sin importarle nada más.
Dante tomó su carne y comenzó a trabaja