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*—Ezra:

Ezra trató de mantenerse cuerdo y no ceder a la tentación, pero su respiración se volvió errática, entrecortada.

Los ojos de Dante se entrecerraron, y entonces ocurrió: sus feromonas estallaron en el aire, densas, abrasadoras. Ezra sintió cómo se le secaba la garganta, cómo su cuerpo reaccionaba antes que su mente. Por la impronta, la esencia de Dante lo atravesaba con una fuerza obscena, demasiado profunda, demasiado íntima. Dios. Debió darse cuenta antes de que algo en él estaba roto,
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