*—Ezra:
Al caer la tarde, Ezra llegó al trabajo a las seis en punto. Joseph ya estaba allí, tan diligente como siempre, revisando reportes y saludándolo con una sonrisa tranquila. Dante, en cambio, no había llegado aún.
Ezra fingió normalidad, pero por dentro era un desastre cuidadosamente ordenado. No sabía si Dante aparecería o no esa noche. Desde lo ocurrido en su apartamento de libertinaje no habían vuelto a hablar, y ahora todo era distinto.
Ahora sabía.
Sabía lo de la impronta. Sabía que