*—Ezra:
Juntos caminaron por el pasillo, uno que a Ezra le pareció interminable. La alfombra amortiguaba sus pasos, pero su corazón resonaba con fuerza en sus oídos. Micah pasó la tarjeta por el sensor y la cerradura respondió con una melodía suave, casi irónica. Le cedió el paso.
Ezra entró.
La habitación era amplia, elegante, y solo había una cama. Una sola. Por supuesto que era así. No había ido allí a descansar ni a dormir. Había ido a cruzar una línea que jamás había cruzado antes.
Un esca