*—Dante:
Una vez fuera del cine, se obligó a respirar hondo, como si el aire lleno de olor a palomitas y sal pudiera poner orden en lo que llevaba dentro. No funcionó. La molestia en el pecho no cedía; al contrario, se volvía más densa con cada paso que lo alejaba de la sala. Aun así, siguió caminando, bajo incluso las escaleras hasta el estacionamiento subterráneo para luego llegar a su vehículo y se quedó allí, sentado, con el motor apagado, las manos inmóviles sobre el volante.
Deberí