*—Ezra:
Estaba muy nervioso.
Una cita.
Una cita de verdad.
Solo pensarlo le hacía cosquillas en el estómago, como si tuviera quince años otra vez y no treinta.
Ezra se levantó temprano a la mañana siguiente del suceso que prefería no repasar demasiado. Anoche había cruzado una línea peligrosa con Dante y, aunque una parte de él seguía temblando por eso, otra, la que por fin estaba despertando, entendió que había sido suficiente. Había tonteado demasiado tiempo, había esperado demasiado. Así que