*—Dante:
—Sabes que puedo buscarlo ahora mismo y hundir mi nariz en su nuca, ¿verdad? —soltó Ross, divertido ante la negativa de Dante sobre decirle como olía Ezra.
El ceño de Dante se frunció de inmediato, seco, instintivo. Sintió un tirón en el estómago, casi un gruñido queriendo escapársele.
—No cruces la línea —le espetó mientras le advertía con un dedo. Ese gesto de advertencia le salió sin pensar. Ross siempre sabía cómo provocarlo, pero meterse con Ezra era otra cosa.
Ross levantó