*—Dante:
Al final, Joseph fue contratado y, con eso, a Ezra solo le quedaban unos días en la empresa.
A Dante la decisión le caía como una piedra en el estómago. No era agradable, pero sabía que ya no tenía forma de retenerlo. Había intentado de todo: el aumento, la reducción de tareas, las concesiones, incluso la tensión hambrienta de los besos que compartían. Nada había funcionado. A Ezra no le importaba el dinero, ni el puesto, ni el deseo que ardía entre ambos. Él solo quería irse.
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