*—Ezra:
Cuando Ezequiel se retiró, escoltado con discreción, el aire pareció regresar poco a poco a sus pulmones, pero no trajo alivio. Alphonse se acercó entonces, con esa presencia firme pero serena que imponía respeto sin necesidad de alzar la voz.
—Buenas noches, no había tenido oportunidad de saludarte —dijo con una sonrisa leve, aunque su mirada evaluó cada detalle del rostro de Ezra—. No te ves bien, hijo —comentó y luego miró a Dante—. Será mejor que lo lleves a casa. Yo hablaré con pap