*—Ezra:
Después de unos segundos de haberle gritado al hombre, el silencio que cayó después fue denso y pesado, como si el aire mismo se negara a moverse. Dante permanecía detrás de él, firme, presente, sosteniéndolo sin tocarlo, pero Ezra podía sentir cada una de sus emociones agitándose dentro de él como una tormenta compartida.
Su propio corazón latía desbocado, su respiración era irregular, y el dolor punzante en su cabeza no hacía más que intensificarse mientras las lágrimas seguían escap